El Estigma del Médico Apóstol...

 

La siguiente es una escena, que bien pudo haber sido tomada de cualquier pieza clásica de la época de oro del cine nacional. Ocurría lo mismo en la lujosa habitación de una casona de una familia acaudalada, que en una ranchería de la época pre revolucionaria, o en la humilde vivienda de quinto patio de una vecindad de mediados de los años treintas.

 

Se veía salir al doctor con su concebido maletín negro en mano, haciendo las últimas recomendaciones al familiar del enfermo; indicándole, que cualquier cambio se lo hicieran saber de inmediato, o bien que él pasaría a verlos al día siguiente... Sin embargo en ningún momento y en ninguna película presenciamos que se le preguntara al galeno, cual era el monto de sus honorarios, ni mucho menos, que se los cubrieran en la misma escena...

 

A simple vista esto pareciera carecer totalmente de importancia, pero la experiencia nos ha enseñado que éste arquetipo de médico, lo han asimilado sistemáticamente un importante número de nuestros pacientes. 

 

¿O no es frecuente?... Sobre todo tratándose de procedimientos quirúrgicos, incluyendo los prevenibles (como puede ser  la atención obstétrica); que después de haber pasado toda una noche, vigilando con toda acuciosidad el trabajo de parto y aún cuando por tratar de cuidar el bolsillo de nuestras pacientes, intentamos darlas de alta a las 24 horas, siendo que frecuentemente se nos solicita permanecer una noche más en el hospital, por aquello de la “adecuada recuperación”... Que el marido nos salga con el consabido, “yo paso después a su consultorio a liquidar los honorarios”.. Cuando en prácticamente la totalidad de los casos, se conocía con antelación cuánto importaba el monto de los mismos, y cuando deberían ser cubiertos...

 

¿Será que el arquetipo de apóstol antes mencionado, lo tienen muy bien arraigado los pacientes pero también lo tenemos estigmatizado nosotros mismos..?

 

En un muy interesante curso llamado, “La necesaria transformación del consultorio en una pequeña empresa de alta productividad”, que se llevó a cabo en conocido hotel capitalino hace aproximadamente unos ocho años; y que inexplicablemente no se ha vuelto a efectuar... Se realizó un ejercicio muy interesante... El ponente, quien por cierto era un odontólogo, nos preguntó de manera abierta a los asistentes, cual era el costo día de nuestros consultorios...

 

La gran mayoría no supo contestar la pregunta, otro pequeño grupo de audaces, esbozamos tímidas cantidades, que se obtenían de la rápida cuenta mental de sumar gastos como: renta, luz, teléfono, sueldos, uno que otro insumo y dividirlos entre el número de días laborables...

 

Sin embargo, al comparar las cantidades vertidas en dicho ejercicio, todos nos quedamos muy por debajo de la cifra que nos dio el conferencista...

¿Qué sucedía?... ¿Cómo era posible que un grupo de especialistas de muy diversas disciplinas médicas y quirúrgicas, mencionáramos cifras inferiores a las que daba un dentista...?

 

La explicación era muy sencilla; para empezar los médicos, solemos ser pésimos administradores, y tendemos casi con enfermiza obsesión  a tomar en cuenta solo los gastos directos... (como los que ya se mencionaron); pero invariablemente dejamos fuera los gastos indirectos, como son: honorarios contables, pago de impuestos, depreciación de auto y equipos, gastos derivados de transporte, incluyendo, combustibles, refacciones, reparaciones, etc. Tampoco consideramos gastos por concepto de radio localizadores, teléfonos celulares, insumos de oficina y cómputo, adquisición de seguros por mala práctica, seguro de vida o gastos médicos, que para cualquier otro empleado serían parte de sus prestaciones contractuales... Y lo más común... Ningún médico se considera a sí mismo incluido dentro de su “nómina”...

 

Sobre los gastos de instalación y de "inversión inicial", que deberían incluir las miles de horas empleadas en nuestra preparación profesional, y nuestra actualización médica continua... No hablaremos en esta ocasión...

 

Para que una recepcionista pueda acudir a contestar nuestras llamadas y efectuar nuestras citas, se requiere que le paguemos una cantidad que le permita dedicarse sin apremios a realizar el trabajo para el cual la hemos contratado... Es decir, que deberemos cubrir con la cantidad pactada, los gastos fundamentales de esa persona como son: casa, vestido, sustento y transporte... Eso sin mencionar esparcimiento, vacaciones y de ser posible... capacidad de ahorro...

 

Pues para que nosotros podamos laborar tranquilamente en nuestros consultorios, dedicando mente y alma al cuidado de nuestras pacientes, necesitamos exactamente lo mismo... Cubrir satisfactoriamente las necesidades de nuestra familia, como colegiaturas, clubes, hipotecas, tarjetas de crédito, prestamos, viajes, etc. etc...

 

Solo así, sabiendo el monto de nuestras “necesidades básicas”, y sumando éste a los costos directos e indirectos de nuestro consultorio, podremos dividirlo entre el número posible y/o factible de consultas, para poder determinar cuanto tenemos que cobrar por cada una de ellas, y obtener así el "costo real" de nuestro consultorio...

 

Por otro lado, y con relación al mencionado estigma del "médico apóstol", es curioso notar que un gran número de pacientes, hacen patente en su forma de pensar, que dentro del gasto de la atención médica, el médico, quien es el actor fundamental, es el único gasto que es "perfectamente sacrificable"; es decir... ¿Qué sucede cuando ocurre un evento inesperado dentro de una hospitalización, que obliga a ocupar recursos no contemplados previamente..? Como por ejemplo, una re intervención quirúrgica, o el ingreso a una unidad de terapia intensiva...

 

En automático el pensamiento del paciente, o de la persona "responsable" se centra en cubrir la cuenta hospitalaria; dejando abierta la posibilidad de que el médico puede esperar, o peor aún, "debe" esperar; como si la complicación hubiera sido ocasionada o buscada intencionalmente por el médico tratante... Y como si no fuera a requerir más, tiempo, conocimientos, recursos y estrés por parte del Galeno...

 

O que decir, de cuando el paciente da por hecho, que el médico debe aceptar los montos y las condiciones de pago, establecidas por un tercero intermediario... Cuando quien aceptó y firmó dichas condiciones fue el paciente y no el médico....

 

¿Cómo y por que habremos llegado a esto..?... ¿Hasta que punto el arquetipo promovido por nuestro glorioso cine nacional, habrá colaborado a ello..?... ¿En donde se inicia la responsabilidad del médico, en la génesis de este complejo estigma..?

 

Dentro del singular modelo de "médico apóstol", imagen tan aprendida por  nuestras pacientes, y por nosotros tan asimilada; sobresale el hecho de que el médico, debe tener, o al menos aparentar poseer, un nivel socio económico y cultural igual o superior al de sus pacientes... y es en ese afán, cuando solemos restar importancia desde lo "alto de nuestro pedestal", a  la justa retribución por nuestros servicios... Utilizando frases como: "la señorita le cobra"...."La señorita le dice"...."Después lo vemos, no se preocupe".... "Lo importante es que se recupere"... Cuando en cualquier relación contractual, tienen el mismo valor tanto el bien obtenido, como el monto pagado...

 

A quien le ha ocurrido, el poder salir de una concesionaria automotriz, sin pagar la factura correspondiente en el preciso instante de la entrega del vehículo... O quien, después de una opípara cena en un restaurante de lujo, es dispensado por el meitre de pagar el consumo, e invitado amablemente a cubrirlo posteriormente...

 

Ejemplos absurdos.. ¿No?... Entonces, por que no podemos ver con la misma óptica (ni nosotros ni nuestros pacientes), un grado similar de irracionalidad en el hecho de que al médico se le postergue el pago de sus honorarios, cuando en cualquier otra situación diferente del acto médico;  tanto médicos como pacientes estaríamos completamente de acuerdo...

 

La respuesta a esta pregunta, podríamos englobarla bajo el mencionado estigma o complejo del "médico apóstol", del cual jamás se nos habló en las escuelas de medicina... y con el que fuimos inoculados sin ni siquiera darnos cuenta...

 

Sin embargo, conviene mucho saber, que esta figura es discrecional en el ámbito exclusivo del paciente, ya que para él... Tenemos que ser en todo momento, comprensivos, dispuestos, humanitarios y hasta "anaerobios"... Pero por otro lado, debemos ser infalibles, eficaces, oportunos y casi omnipotentes... Ya que de lo contrario... podemos correr el riesgo de que olviden nuestra frágil condición de apóstoles... y nos quieran exigir cuentas cual centuriones, ante los "modernos tribunales romanos"...

 

 

 

 

Dr. Rubén Tlapanco Barba.